MONEO Y LOGROÑO

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El pasado mes de noviembre, el arquitecto Rafael Moneo recibió la medalla de oro de Logroño, máxima distinción de la ciudad, por su extensa carrera repleta de premios como el Pitzker o el León de Oro de la bienal de Venecia y por contribuir a hacer de Logroño, una ciudad más pensada y mejor.

Su obra por excelencia es el edificio del ayuntamiento, una obra singular, un edificio plaza que da paso a un boulevard que conduce al rio Ebro, un lugar de encuentro, accesible y permeable, cerca del casco antiguo y que se abre a la parte de la ciudad más moderna.

El edificio, construido sobre una gran plaza lo componen dos triángulos, uno dedicado al espacio político, otro al uso administrativo y junto a ellos un auditorio.

Pero Moneo ha dejado huella en Logroño, y es que usando como eje principal el rio Ebro que la atraviesa, inició un proceso de reordenación urbanística de la fachada Norte de la ciudad, que corresponde con la entrada por el puente de piedra, donde encontramos un proyecto de viviendas entre Ruavieja y San Gregorio, que recuperó parte de las murallas y bodegas, así como la construcción de una plaza mirador junto a la sede de la policía local. Y la construcción de las palazzinas que supuso la transformación de un solar en una zona desatendida junto al rio. Un proyecto que el arquitecto definió como vivienda en el parque y el parque en la ciudad.

Definitivamente, Moneo es el artífice de la modernización, supone la reconciliación con el rio y el inicio de la ordenación urbanística de la ciudad de Logroño.

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